miércoles, 7 de mayo de 2008

Máquina en serie(o)

Máquina en serie(o)

I.

Algunos estarán de acuerdo conmigo cuando digo que pocos son los textos que revelan demasiado de uno mismo sin ser escritos por nosotros y que, siendo autoría de una pluma presuntamente ajena a nuestras vidas, causan identificación. Eso es lo tremendo y devastador: hablo de la identificación que me provoca Heiner Müller; esa correspondencia de las reflexiones animales es, de verdad, espectacular. Animales y espontáneas (sin sentido el grueso de las veces) muchas de las referencias del texto de Müller son irracionalidades que pueden llegar, sin buscarlo me parece, a ser pura luz mental; el texto solo se me inmiscuye, me atrapa y traduce; me deja con la boca abierta (me fascina).

Debido a mi ignorancia y poca lectura, me doy cuenta que La Máquina Hamlet es la alarma a tiempo de una advertencia de vida o muerte: lees más o te atienes a no poder traducir tu vida al papel. O lees a los que se adelantaron a leerte o nunca te podrás leer. Definitivamente quiero traducir y comunicar mi vida con las demás vidas, pero, por lo pronto, me doy el tiempo de ser atrapado por el trabajo que hizo el otro, Müller, por mí. Me sumo en una agonía reflexiva de la cual, siendo pesimistas, saldré avante.

Me dejo describir (sin hacerlo). Escribir sobre mí; me permito. La temporalidad no interesa, el espacio menos. Müller me hace trascender ambos factores y me acusa una identificación espelusnante. Me faltan palabras, como ya se comenzarán a dar cuenta.

Podría yo estar muy equivocado y ahora noto que esto que hago consta de un compendio de intenciones para proyectar lo más insensato en las palabras traducidas del texto de Müller; es decir, nada de lo que pudiera decir puede ser en realidad una referencia al texto, sin embargo surgió del texto, por lo tanto es ya referencialidad textual a Müller. La Máquina de Hamlet es referencialidad, vive de la intertextualidad metafórica y literal. Realmente encuentro muy universales, pertinentes y definitivas las letras que utiliza para describir (nos) a través del vómito de palabras que es la Hamlet Machine.

Al inicio aparece muy desbordado y al final continúa en la misma tesitura, con la misma actitud (gracias). Frente al texto hay que estar menos precavidos para comprender la vasca, porque es, se trata, de nuestro vómito, de nuestra propia regresión. Madre, padre e infancia: destino [puede ser(nos)]. Es un servicio a la comunidad: quid pro quo.

Las figuras literarias son muy nítidas y seductoras. Son innegables y perversas: son maravillosas. Hablo de una maravilla liberadora de estas figuraciones sugestivas y fértiles propulsoras (propiciantes) de ser imaginadas y reinventadas. Se trata de letras y palabras libres. De una escritura libre, liberadora. Libra.

II.

No podía ocurrir de forma alguna distinta a la que sentí. Es un remanso de reflexiones y una conmemoración de certezas, de acercamientos a las lecturas de Ofelia, Horacio, de Hamlet (junto con otros) y de los que resulten responsables. No es posible no mirar la espalda que tanto evoca Müller y de la cual no tenemos certeza:

Ahora te amarro las manos detrás de la espalda con tu velo de novia, porque me repugna tu abrazo.

Detuve el cortejo fúnebre, forcé el ataúd con la espada, al hacerlo el acero se partió, pero con el chato muñón logré abrirlo, y repartí a mi progenitor.

Müller nos estrella en la cara una calidad crítica más que agudísima, asesina: COMO UNA JOROBA ARRASTRO MI PESADO CEREBRO. Jorobados reflexionamos nuestro supuesto puesto social, se burla de la denigración laboral de la Alemania de sus días y de las utopías socialistas que no muestran signos de vida, ya no hablemos de aterrizajes necesarios en la realidad propia que se refleja en todas las demás, en las anteriores, en la mía. Nunca más una reflexión antigüa, porque lo que nos presenta Müller es atemporal, no ingenuo.

III.

Quisiera que mi madre hubiera tenido un agujero de menos, cuando tú todavía eras de carne: me hubiera evitado a mí mismo la molestia de nacer.

Habría que zurcir a las mujeres, un mundo sin madres. Podríamos destriparnos en paz unos a otros, y con cierta confianza, cuando la vida nos resultara demasiado larga o la garganta demasiado estrecha para nuestros gritos.

Lo prohibido está permitido en el texto de Müller. Lo cobardemente indecible está estructurado, articulado, con mucha claridad y con vasta seducción: QUISIERA/QUERÍA: ESTRUCTURA DE CARÁCTER. Me doy cuenta que quise mucho. Comienzo a no querer, porque podría destriparme sin zurcir agujeros. La política de la convivencia social, familiar, individual, ideal.

El autor es muy honrado en su literatura. De igual forma, seria inocente pensar que no hay implícita cierta carga política que pueda aparentar o disfrazar, porque, en sí, muy político el texto, pues no sólo insita a la reflexión desde una perspectiva socialista de la que en vida el mismo Müller hizo gala y que valió la planeación y luego existencia de la Asociación de Escritores Alemanes, sino que nos acusa y nos atañe responsabilidades: nada de paternalismos. Por cierto, de esa asociación fue expulsado por decir lo que pensaba, como se le ocurría y con errores, por ser un dramaturgo impertinente para el otro escenario político, es decir, el de la república democrática alemana.

Es una advertencia sobre la cotidianidad y la costumbre de la dominación del Estado sobre los individuos; coartación de la individualidad. El individuo coartado por el muro de Berlín y por la fría Guerra Fría.

Ciertamente muchas de las metáforas que se utilizan en este texto necesitan, por su naturaleza de intertextuales, el remitente original que, si bien no se cita formalmente en el texto, sí se evoca magistralmente. Hamlet Machine: El drama edipiano que más me ha trastocado y que más ingeniosamente se expone después del propio Sófocles.

El esqueleto es el caos; la carne es provocada por la honestidad: y el movimiento de los rasgos lo hacemos posible nosotros. Así, me parece, que es la obra de Müller. Todo lo que yo no pude hacer cuando traté las obras de Shakespeare en clase, Müller me lo demostró en pocas páginas. Todo lo que me detuve(o), él lo desbloqueó. La lectura que hace del Hamlet desde su vida, desde las mujeres, de su madre desde su vida y la traición al padre es sensacional: es impúdica y necesaria (es un ensayo). El capricho de Müller es su talento al retomar a Hamlet. Se desangra como Hamlet, se tropieza como todos:

Ahora desgarro tu vestido de novia. Ahora gritas. Ahora embarro los jirones de tu vestido de novia con la tierra en que se convirtió mi padre, con los jirones embarro tu rostro tu vientre tus pechos.

El texto es la escena en sí, ocurre sin control en nuestra imaginación. Es importante representarlo físicamente, pero las referencias unilaterales y autónomas de la imaginación pueden bastar (disculpen la impertinencia, pero me bastan); no me aterra verlo actuado, me aterra que no lo actúen como Müller me provocó. Es por eso que esas intrigas me bastan. Décadas de reflexión social e individual. Tengo una esperanza, porque el REGAZO MATERNO NO ES CALLE DE UN SOLO SENTIDO…

IV.

Me permito plagiar, porque tengo el derecho, él me lo dió. Mi lugar, si es que mi drama aún se llevará a cabo, estaría en ambos lados del frente, entre los frentes, por encima de ellos. Yo anudo el lazo cuando son colgados los cabecillas, retiro el taburete, me rompo el cuello. Soy mi prisionero. Alimento mis datos en la computadora. Mis personajes son la saliva y la escupidera el cuchillo y la herida el colmillo y la garganta el cuello y la soga. Soy el banco de datos. Sangrante entre la multitud. Respirando tras la puerta de dos hojas, aislando mi baba de palabras en un globo impermeable al sonido, por encima de la batalla.Tomo asiento en mi mierda, mi sangre. En algún lugar están quebrantando cuerpos para que yo pueda vivir en mi mierda. En algún lugar están reventando cuerpos para que yo pueda estar solo con mi sangre. Mis pensamientos son heridas en mi cerebro. Mi cerebro es una cicatriz. Quiero ser una máquina. Brazos para agarrar piernas para caminar sin dolor sin pensamientos.