“En México somos candil de la calle y oscuridad de la casa”,
Vox Populi.
Mucho Haití. Primer Acto
¿Por qué estamos ayudando a Haití? ¿Estamos ignorando a los más jodidos de México?
La tragedia en Haití es dantesca, ¿hay dudas? La O.N.U nunca había visto catástrofe tal: falacias en las cifras de muertos, hogueras de cadáveres en las esquinas, no sé cuántos hay bajo toneladas de piedras, se sufren hambre y sed. “La isla está a punto de reventar”, decía el reportero mexicano David Aponte mientras cronicaba desde donde “no deja de oler a muerto”.
En la televisión mexicana, la radio, los periódicos, enTwitter y en otro se pedía ayuda para “nuestros hermanos haitíanos”. Todos convocamos a la solidaridad, a donar agua, comida, medicamentos, material de curación e higiene. Invitamos a mocharse con una lana para la reconstrucción.
Desde hace un par de días leo algunas llamadas de la audiencia de W Radio diciéndo: “Somos candil de la calle y oscuridad de la casa” u otras como “¿y cuándo vamos a ayudar a nuestros pobres, a los que se mueren de hambre en las calles y los caminos mexicanos?”
Me quedé intrigado.
Solidaridad, no salinista. Segundo Acto
!!!Es que nunca habíamos visto imágenes tales!!! Después de los rostros haitíanos, la sangre, los cuerpos, las casas hechas polvo, los disparos, los muertos apilados, pues a uno se le remueve todo. La televisión se encargó de llevar hasta la comodidad de nuestras camas, sofás y comedores el apocalipsis haitíano.
Reaccionamos en solidaridad también porque recordamos los terremotos del 85 mexicano, en mi caso, recuerdo las narraciones de mis padres. Ayudamos porque los reporteros estelares en televisión han cronicado y filmado rostros quebrados y cuerpos deshechos en Haití. Nos conmiseramos (¿de nosotros? Tal vez).
Será porque no hemos hecho la suficiente cobertura sobre los menos favorecidos en nuestro país que no nos conmueve la miseria mexicana. No hemos visto sus (nuestros) respectivos dramas así, de sopetón.
Se trata de comprometernos TODOS con esos mexicanos que nos necesitan, no hay duda. Aunque para muchos esas causas sean preceptos subjetivos, hay que chambear como mexicanos para estimular al engarrotado estado mexicano. Sin embargo, la objetividad de las imágenes de Haití es contundente y repentina, por eso cada quien decide solidarizarse con los caribeños. Ayudar depende de cada conciencia.
Eso sí: llevamos un haitiano dentro, sin albúr.
En el proscenio
Lo que queda de Haití huele a muerte. Se escuchan tiros…


