lunes, 18 de enero de 2010

El haitiano que llevamos dentro

“En México somos candil de la calle y oscuridad de la casa”,

Vox Populi.

Mucho Haití. Primer Acto

¿Por qué estamos ayudando a Haití? ¿Estamos ignorando a los más jodidos de México?

La tragedia en Haití es dantesca, ¿hay dudas? La O.N.U nunca había visto catástrofe tal: falacias en las cifras de muertos, hogueras de cadáveres en las esquinas, no sé cuántos hay bajo toneladas de piedras, se sufren hambre y sed. “La isla está a punto de reventar”, decía el reportero mexicano David Aponte mientras cronicaba desde donde “no deja de oler a muerto”.

En la televisión mexicana, la radio, los periódicos, enTwitter y en otro se pedía ayuda para “nuestros hermanos haitíanos”. Todos convocamos a la solidaridad, a donar agua, comida, medicamentos, material de curación e higiene. Invitamos a mocharse con una lana para la reconstrucción.

Desde hace un par de días leo algunas llamadas de la audiencia de W Radio diciéndo: “Somos candil de la calle y oscuridad de la casa” u otras como “¿y cuándo vamos a ayudar a nuestros pobres, a los que se mueren de hambre en las calles y los caminos mexicanos?”

Me quedé intrigado.

Solidaridad, no salinista. Segundo Acto

!!!Es que nunca habíamos visto imágenes tales!!! Después de los rostros haitíanos, la sangre, los cuerpos, las casas hechas polvo, los disparos, los muertos apilados, pues a uno se le remueve todo. La televisión se encargó de llevar hasta la comodidad de nuestras camas, sofás y comedores el apocalipsis haitíano.

Reaccionamos en solidaridad también porque recordamos los terremotos del 85 mexicano, en mi caso, recuerdo las narraciones de mis padres. Ayudamos porque los reporteros estelares en televisión han cronicado y filmado rostros quebrados y cuerpos deshechos en Haití. Nos conmiseramos (¿de nosotros? Tal vez).

Será porque no hemos hecho la suficiente cobertura sobre los menos favorecidos en nuestro país que no nos conmueve la miseria mexicana. No hemos visto sus (nuestros) respectivos dramas así, de sopetón.

Se trata de comprometernos TODOS con esos mexicanos que nos necesitan, no hay duda. Aunque para muchos esas causas sean preceptos subjetivos, hay que chambear como mexicanos para estimular al engarrotado estado mexicano. Sin embargo, la objetividad de las imágenes de Haití es contundente y repentina, por eso cada quien decide solidarizarse con los caribeños. Ayudar depende de cada conciencia.

Eso sí: llevamos un haitiano dentro, sin albúr.

En el proscenio

Lo que queda de Haití huele a muerte. Se escuchan tiros…

jueves, 14 de enero de 2010

CÁMBIELE

¿Usted sale en televisión? Primer Acto.

¿Qué es lo que NO le gusta ver en televisión? ¿Cuando ve noticias se siente aludido e involucrado? ¿Cree que la conductora entrevistó al personaje pertinente, o el reportero le hizo las preguntas que usted le haría a tal o cual funcionario público?

A reserva de su mejor opinión, yo creo que la televisión en México debe ser invadida por ciudadanos responsables, comprometidos con los temas plurales y que hablen de nosotros. Quisiera mayor presencia de los televidentes en la televisión que vemos.

En México hay de todo para todos. Pero la marrana tuerce el rabo cuando hay quienes nos quedamos insatisfechos y buscamos nuevas opciones de información, debate y participación. A mí me gustaría una televisión donde se evidencie a los que se esmeran por joderme; una donde me informe para saber qué decidir. Aunque eso no siempre tenga “buena suerte” con la audiencia, con los raitings, ergo con el negocio.

Cámbiele. Segundo Acto.

Sí, coincido con los que dicen que la innovación debe mirar a la integración de las audiencias, con nuevos enfoques para quienes queremos observar críticas, participar en los debates y atestiguar las transformaciones.

Por eso me parece que parte del secreto del pastelito tiene que ver con la decisión nuestra. Créalo: para innovar y transformar a la televisión nosotros tenemos un poder capital, porque decidimos lo que vemos. Se trata de que los televidentes seamos nuestros propios defensores, como incita Gabriela Warkentin.

La competencia permite esa innovación, admite más y mejores propuestas televisivas y, aunque México no es un país de competidores en el ramo, tendría que haber un refinamiento en las maneras de interactuar entre los que hacen televisión y quienes la vemos.

La decisión está en nuestro dedo, ese que oprime el botón en el control que CAMBIA el canal. Si no le satisface lo que ve: CAMBIE el canal, y así obligamos a que se den los CAMBIOS en las formas de hacer televisión. Ahora que si no tiene control para la tele, pues PÁRESE y CÁMBIELE, eso nos vendría bien como país.

Tú sí, tú no.

“Tú, además de pinche puto mal vestido, no traes para pagar un agua mineral”

El cadenero promedio de los antros en el país.

¿A quién se le ocurrió que existieran los cadeneros en los antros? Los que se suponen que están para garantizar la seguridad de los clientes, resultan ser la cara discriminadora de los centros nocturnos.

Primer Acto: Tú sí, porque estás bien buena; tú no por “naco”

Un cadenero es un hombre, que en la puerta de un antro, decide quién entra y quién no, Chepe, somos cuatro y traigo tres niñas, le dice un joven impostando la voz, a lo que el Chepe (el típico cadenero) responde, Pasen, preciosas; tú no, por pinche indio, le da besos a las chicas y las deja pasar. Los demás se quedan rogando: ¡Somos siete, Chepe!

Esos tipos en la entada fuman la bacha del poder que sólo los fines de semana tosen. Lejos de garantizar la seguridad de los clientes, se pavonean en la cadena porque son la cara discriminadora de esos lugares tan demandados para “antrear”. Entre la bola se oye: “¿De cuánto son tus zapatos?”, “A ver, que pase el güero”, “Ese no, porque se ve re puto”, “A ver tu IFE (para ver la dirección)”, “¿Cuál es tu coche?”, “Dile que si sigue gritando, no pasa”.

¿Nos damos cuenta de que hemos sido discriminados?

Segundo Acto: Discriminado y discriminador

Discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o grupo por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o por motivos ideológicos. Seguramente usted ha sido discriminado y le apuesto lo que quiera a que es un discriminador. Sí, no nos hagamos, si bien que aventamos la piedra, escondemos la mano y luego chillamos con quejas.

¿Por qué discriminamos?, le pregunte a Ricardo Bucio nuevo titular del CONAPRED: “Porque jugamos ambos papeles, es un círculo que nos cuesta trabajo aceptar”.

¿En el metro usted cede su asiento a los abuelos, a las futuras mamás, al anciano indígena? ¿Se molesta cuando entra al vagón alguien en silla de ruedas o le cede espacio en el pasillo del vagón? ¿Apedrea el coche del vecino que no comparte sus preferencias políticas?

La discriminación está en casa, en el trabajo, en la calle. Si usted no discrimina, lo felicito. Si usted acepta ser discriminador, le agradezco la honestidad, porque aceptarlo es un gran primer paso para cambiar hábitos, esos que no nos dejan ser quienes somos y que ya es tiempo de eliminar.

Obesos sin Guiness

“¿Están gorditos por tanta mordida?”, un niño le pregunta a su mamá.
¿En qué momento engordaron nuestros policías? Esas llantitas definitivamente los ponen en una cruel desventaja.
Trata de alcanzarlo: Primer Acto
Ver a un policía obeso no da confianza. Lo primero que se proyecta en el cine de nuestras mentes es la secuencia en la que un asaltante, en plena fechoría, es correteado por un policía mexicano con 40 kilos de más, sudando, jadeante, con un semblante pálido, luego rojo, luego morado, a segundos de un paro cardíaco. No lo alcanza.
Del total de los hombres y mujeres policías de la ciudad de México ¡7 de cada 10 tienen sobrepeso! La Secretaria de Seguridad Pública del DF lleva a cabo diversos esfuerzos para meter en cintura a mil 900 elementos obesos, ahí tenemos el Programa Integral de Atención a la Obesidad. Los resultados han sido flacos e insuficientes y eso no es saludable en muchos sentidos.
Una vez que inician los turnos de 12 horas de trabajo, varias patrullas recorren la ciudad de México repartiendo a los policías la “choclaya”, un saleroso lunch que contiene un juguito, un yogur y una barra de granola que alucinan los uniformados, por lo que no resisten la tentación de empacarse unas gorditas, sendos tacos de carnitas, la bonita torta cubana o, de perdida, una guajolota (torta de tamal).
Se me hace que la pancita se la deben (¡sí!) a las mordidas de cada día. ¿Usted cree que después de 12 horas de guardia tienen ánimo de darle al gimnasio o salir a correr una media hora?

¿Y el Guiness?: Segundo Acto
 
Por eso le propongo una tarea: cuando vaya camino a la escuela, a la chamba, o al mandado, cuente a los policías que se le crucen y sume cuántos de ellos tienen sobrepeso. No los pierda de vista, identifíquelos.

Sí, tenemos el récord del árbol de navidad más grande del mundo; la pista de hielo “más colosal del mundo universal”, pero ¿cuándo nos agenciaremos el reconocimiento del cuerpo policíaco más atlético y eficiente?

Por eso a mí me gustaría que también en otras entidades como en Puebla la policía sea saludable; que en Querétaro, Nuevo León o Jalisco obtengan los títulos de la policía más honrada, la más respetuosa de los Derechos Humanos, la mejor armada y más capacitada. ¿Cuánto falta para eso?


twitter.com/nacholozano

jueves, 5 de noviembre de 2009

La incredulidad del Santo Ciudadano


“Haiga sido, como haiga sido”

Como dicen en el pueblo de Felipe Calderón.

Primer Acto: Hasta no ver, no creer

Si lo dicen las santas entidades de justicia, locales o federal, es la puritita verdad; si lo parloteó el beato presidente o su sagrado gabinete, es porque se trata sólo de: un catarrito shockeado en medio de un boquete; los benditos gobernadores siempre están en lo cierto; ¡son divinos los magistrados de justicia! Ni le muevas.

Santo Tomás sacudió con su duda. “La Incredulidad de Santo Tomás” es un portentoso óleo pintado en 1602 por Michelangelo Merisi, Caravaggio. Se trata de un lienzo encargado por la poderosa familia italiana de los Giuliani. Ahí se pinta la luz: la necedad por la verdad.

Según textos bíblicos, Tomás se negó a reconocer la resurrección: ¡qué valor testicular!

Cristo le pidió tocar la herida de su costado para constatar que era él quien había muerto en la cruz y que entonces estaba de vuelta. ¡Uuuhh!, qué emoción… He was back, y se volvió a ir… ¡Chin!

Segundo Acto: Búscale tres pies al gato

El descrédito que ha tenido el poder político mexicano frente a los ciudadanos es tal, que la desconfianza y la incredulidad ante sus pululantes discursos son reacciones legítimas y cotidianas entre nosotros. La inseguridad puública generando más inseguridad pública.

Sin embargo hay dormilones cobijados por la incredulidad que no ponen el dedo en la llaga. Ejemplo: ante un haiga sido, como haiga sido la duda es fundamental. Todo sea por la transparencia y la escurridiza rendición de cuentas.

La nueva generación de comunicadores, en plena caza, no podemos permanecer con la apariencia y luego redactar la nota así, sin más memoria y sensibilidad; no por iluminación cristiana o marciana. Un reportero, como Santo Tomás, no debiera privilegiar el cinismo ante la verdad, porque entonces aquel no serviría para este oficio, como sentenció Ryszard Kapuscinski. Si lo hacen, profesionalizarían la parcialidad, el supuesto o el sesgo informativo. Nos quedaríamos con la duda.

En el Proscenio

La incredulidad del Santo Ciudadano le permite ir al fondo de la herida, excavar en ella, volver y revolver, contraponer y debatir. No importa si alrededor nuestro haya quienes juzguen como naif lo que uno hace y que nos califiquen de pecadores irreverentes.


Perdimos la oportunidad de tener a un Ombudsman ciudadano, plural, defensor (repito).

viernes, 12 de junio de 2009

AL FILO: ¿Voto inútil? No.

Primer Acto

“No se dejen comprar con una copita… Yo les pido que este próximo 5 de julio lleven a 10 amigos a votar y que ese voto sea para nuestros candidatos de Acción Nacional”
Josefina Vázquez Mota

Primer Acto
Soy Joven, tengo 24 años, mi credencial de elector está vigente y el 5 de julio iré a mi casilla correspondiente y participaré de las elecciones. Será completamente distinto a como lo había venido haciendo en los últimos 6 años.

Estoy convencido de que los jóvenes con capacidad de elección están lo suficientemente politizados como para saber: por cuál partido votar, pues conocen a sus candidatos, les caen bien, mal, son guapas, sexys o han leído a fondo sus plataformas.

Hay quienes están investigando la historia de tal o cual candidata o candidato (con o sin cola que pisar…les). Deciden sobre el que les conviene, porque les representaría como minoría.

Habrá quienes se abstendrán, porque la apatía es inevitable. Otros más como yo, anularemos nuestro voto.

Esta última es una opción auténtica para llamar la atención y evidenciar a un sector de la población, que incluye a miles de jóvenes, que no se siente representado, que cree en la democracia y que no está conforme con el nivel político de los candidatos. Es una manera de subrayarle a los partidos que no “olvidamos” que nos “olvidaron” durante años suficientes.

Es ingenuo creer que los jóvenes debamos inventar otro nuevo partido. Es ridículo pensar que así maduraremos nuestra democracia; no es necesario un show de tal magnitud, porque, de hecho, es casi imposible. Nuestro sistema electoral ni siquiera permite la oportunas candidaturas ciudadanas y sí un enriquecimiento exacerbado de los dueños de los prostituibles partidos satélite, los chiquipartidos.

Por eso los partidos más influyentes tendrían que escuchar nuestras exigencias, sensibilizarse ante los ciudadanos y empoderarnos. Los jóvenes somos capaces de tomar decisiones, incidir en la vida democrática y, por ende, quejarnos de ella.

¿Sabrán que fui yo uno que anuló mi voto? No, no hay manera, mi voto en blanco se perderá entre los miles que votaron por Cantinflas, por Niurka o por Obama; se contará entre boletas electorales que alguien usó incorrectamente.
Por eso una legislación que permita un espacio para el voto en blanco en la boleta electoral es urgente. Los candidatos actuales podrían capitalizar esta exigencia, prometiendo una reforma en este sentido, pero ninguno lo ha hecho.

Segundo Acto.

El jueves pasado la U. Iberoamericana y consulta Mitovsky dieron a conocer la encuesta “Libertad de Expresión” con datos ciertamente suculentos. Sólo para abrir boca ahí le van unos datos: los jóvenes no nos sentimos en total libertad de expresar algo públicamente, por lo menos eso piensa casi el 49% de los entrevistados; como en todo, hay sacrificios y porque la crisis no perdona: a cambio de mejores condiciones económicas, el 27.7 % está dispuesto a sacrificar el voto libre a cambio de un billetito. ¿Desencanto? ¿Traición?

Los jóvenes sabemos decidir en política y no comparto la invitación que J. Vázquez Mota le hizo a los jóvenes yucatecos para participar en la elección. Señora: esto no se trata de promocionar un parque de diversiones: ¡Trae a 10 amiguitos, te cobramos la mitad y yo gano! A Vázquez Mota le falta inteligencia, no es la manera de llegarnos. Si nos abaratan, se abarata la democracia.

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AL FILO: Víctimas

Primer Acto

“¿Por qué no pasó esto en la Cámara de Diputados?
Porque ahí hay todas las medidas de seguridad
para proteger a las más grandes ratas del país.”
Roberto Zavala, padre del niño Santiago muerto en Hermosillo.


Política del más bajo nivel es la que hemos presenciado en medio de las llamas infernales que han acabado, hasta el momento, con la vida de 44 niños, bebés prácticamente, que fueron sorprendidos por un incendio que fatalmente alcanzó la guardería ABC de Hermosillo, en Sonora.

Las llamas no cesan, las autoridades no las han sabido extinguir.

“Llegaremos hasta las últimas consecuencias”; “Coadyuvaremos”; “Caerán los responsables”; “La PGR atraerá las investigaciones”; “Compartimos el dolor”, ajá… ¿Y?

“Este es el país donde no pasa nada”. Y no pasa nada porque permitimos que no pase nada, porque estamos acostumbrados a olvidar las tragedias que evidencian la triste podredumbre de la clase gobernante y que, incluso, alcanza los linderos de la ciudadanía, nos seduce.
Los ciudadanos tendemos a olvidar estas cosas para estar menos peor. No podemos seguir así. Intentemos comprender, nos pide E. Hemingway, no somos un personaje de tragedia. Actuemos y no nos quedemos en el llanto y la sensiblería cursi.
Segundo Acto.

Los dueños, empresarios que operaban la guardería, dejaron de serlo ante la exhibición mediática que los hizo cenizas: Antonio Salido y Alfonso Escalante Hoeffer.

Salido, declaró que “se trataba de inversiones serias”, tan serias que ni una sola influencia traficada hubo en el negocio. ¿Entonces por qué los busines, las guarderías, estaban a nombre de sus esposas? En fin, responsables de medio pelo.

El 10 de junio fue cesado el delegado del IMSS en Sonora, Arturo Leyva. Ahora, el señor Daniel Karam, el mudo que días después habló y que en sus tiempos libres suele dirigir, bueno, firmar como director del IMSS, debería pensar que el castigo por la omisión no se resuelve con renuncias.

Tampoco con discursos sobados como los que actúa Eduardo Bours, gobernador de Sonora, pariente del pariente de la tía de la sobrina de más de la mitad de Hermosillo, es más, pariente de medio Sonora. Así, no.

Además, recuerden, los niños murieron en medio de una agonía de no más de 3 minutos, no les dio tiempo de llorar, muchos dormían mientras el techo se les venía encima. Háganle honor a las muertes y sean sensibles a las heridas, no demoren. Es lo menos que pueden hacer las autoridades, de lo contrario, nunca saldrán de las llamas que los consumen.