jueves, 5 de noviembre de 2009

La incredulidad del Santo Ciudadano


“Haiga sido, como haiga sido”

Como dicen en el pueblo de Felipe Calderón.

Primer Acto: Hasta no ver, no creer

Si lo dicen las santas entidades de justicia, locales o federal, es la puritita verdad; si lo parloteó el beato presidente o su sagrado gabinete, es porque se trata sólo de: un catarrito shockeado en medio de un boquete; los benditos gobernadores siempre están en lo cierto; ¡son divinos los magistrados de justicia! Ni le muevas.

Santo Tomás sacudió con su duda. “La Incredulidad de Santo Tomás” es un portentoso óleo pintado en 1602 por Michelangelo Merisi, Caravaggio. Se trata de un lienzo encargado por la poderosa familia italiana de los Giuliani. Ahí se pinta la luz: la necedad por la verdad.

Según textos bíblicos, Tomás se negó a reconocer la resurrección: ¡qué valor testicular!

Cristo le pidió tocar la herida de su costado para constatar que era él quien había muerto en la cruz y que entonces estaba de vuelta. ¡Uuuhh!, qué emoción… He was back, y se volvió a ir… ¡Chin!

Segundo Acto: Búscale tres pies al gato

El descrédito que ha tenido el poder político mexicano frente a los ciudadanos es tal, que la desconfianza y la incredulidad ante sus pululantes discursos son reacciones legítimas y cotidianas entre nosotros. La inseguridad puública generando más inseguridad pública.

Sin embargo hay dormilones cobijados por la incredulidad que no ponen el dedo en la llaga. Ejemplo: ante un haiga sido, como haiga sido la duda es fundamental. Todo sea por la transparencia y la escurridiza rendición de cuentas.

La nueva generación de comunicadores, en plena caza, no podemos permanecer con la apariencia y luego redactar la nota así, sin más memoria y sensibilidad; no por iluminación cristiana o marciana. Un reportero, como Santo Tomás, no debiera privilegiar el cinismo ante la verdad, porque entonces aquel no serviría para este oficio, como sentenció Ryszard Kapuscinski. Si lo hacen, profesionalizarían la parcialidad, el supuesto o el sesgo informativo. Nos quedaríamos con la duda.

En el Proscenio

La incredulidad del Santo Ciudadano le permite ir al fondo de la herida, excavar en ella, volver y revolver, contraponer y debatir. No importa si alrededor nuestro haya quienes juzguen como naif lo que uno hace y que nos califiquen de pecadores irreverentes.


Perdimos la oportunidad de tener a un Ombudsman ciudadano, plural, defensor (repito).

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