“Tú, además de pinche puto mal vestido, no traes para pagar un agua mineral”
El cadenero promedio de los antros en el país.
¿A quién se le ocurrió que existieran los cadeneros en los antros? Los que se suponen que están para garantizar la seguridad de los clientes, resultan ser la cara discriminadora de los centros nocturnos.
Primer Acto: Tú sí, porque estás bien buena; tú no por “naco”
Un cadenero es un hombre, que en la puerta de un antro, decide quién entra y quién no, Chepe, somos cuatro y traigo tres niñas, le dice un joven impostando la voz, a lo que el Chepe (el típico cadenero) responde, Pasen, preciosas; tú no, por pinche indio, le da besos a las chicas y las deja pasar. Los demás se quedan rogando: ¡Somos siete, Chepe!
Esos tipos en la entada fuman la bacha del poder que sólo los fines de semana tosen. Lejos de garantizar la seguridad de los clientes, se pavonean en la cadena porque son la cara discriminadora de esos lugares tan demandados para “antrear”. Entre la bola se oye: “¿De cuánto son tus zapatos?”, “A ver, que pase el güero”, “Ese no, porque se ve re puto”, “A ver tu IFE (para ver la dirección)”, “¿Cuál es tu coche?”, “Dile que si sigue gritando, no pasa”.
¿Nos damos cuenta de que hemos sido discriminados?
Segundo Acto: Discriminado y discriminador
Discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o grupo por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o por motivos ideológicos. Seguramente usted ha sido discriminado y le apuesto lo que quiera a que es un discriminador. Sí, no nos hagamos, si bien que aventamos la piedra, escondemos la mano y luego chillamos con quejas.
¿Por qué discriminamos?, le pregunte a Ricardo Bucio nuevo titular del CONAPRED: “Porque jugamos ambos papeles, es un círculo que nos cuesta trabajo aceptar”.
¿En el metro usted cede su asiento a los abuelos, a las futuras mamás, al anciano indígena? ¿Se molesta cuando entra al vagón alguien en silla de ruedas o le cede espacio en el pasillo del vagón? ¿Apedrea el coche del vecino que no comparte sus preferencias políticas?
La discriminación está en casa, en el trabajo, en la calle. Si usted no discrimina, lo felicito. Si usted acepta ser discriminador, le agradezco la honestidad, porque aceptarlo es un gran primer paso para cambiar hábitos, esos que no nos dejan ser quienes somos y que ya es tiempo de eliminar.



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