lunes, 18 de enero de 2010

El haitiano que llevamos dentro

“En México somos candil de la calle y oscuridad de la casa”,

Vox Populi.

Mucho Haití. Primer Acto

¿Por qué estamos ayudando a Haití? ¿Estamos ignorando a los más jodidos de México?

La tragedia en Haití es dantesca, ¿hay dudas? La O.N.U nunca había visto catástrofe tal: falacias en las cifras de muertos, hogueras de cadáveres en las esquinas, no sé cuántos hay bajo toneladas de piedras, se sufren hambre y sed. “La isla está a punto de reventar”, decía el reportero mexicano David Aponte mientras cronicaba desde donde “no deja de oler a muerto”.

En la televisión mexicana, la radio, los periódicos, enTwitter y en otro se pedía ayuda para “nuestros hermanos haitíanos”. Todos convocamos a la solidaridad, a donar agua, comida, medicamentos, material de curación e higiene. Invitamos a mocharse con una lana para la reconstrucción.

Desde hace un par de días leo algunas llamadas de la audiencia de W Radio diciéndo: “Somos candil de la calle y oscuridad de la casa” u otras como “¿y cuándo vamos a ayudar a nuestros pobres, a los que se mueren de hambre en las calles y los caminos mexicanos?”

Me quedé intrigado.

Solidaridad, no salinista. Segundo Acto

!!!Es que nunca habíamos visto imágenes tales!!! Después de los rostros haitíanos, la sangre, los cuerpos, las casas hechas polvo, los disparos, los muertos apilados, pues a uno se le remueve todo. La televisión se encargó de llevar hasta la comodidad de nuestras camas, sofás y comedores el apocalipsis haitíano.

Reaccionamos en solidaridad también porque recordamos los terremotos del 85 mexicano, en mi caso, recuerdo las narraciones de mis padres. Ayudamos porque los reporteros estelares en televisión han cronicado y filmado rostros quebrados y cuerpos deshechos en Haití. Nos conmiseramos (¿de nosotros? Tal vez).

Será porque no hemos hecho la suficiente cobertura sobre los menos favorecidos en nuestro país que no nos conmueve la miseria mexicana. No hemos visto sus (nuestros) respectivos dramas así, de sopetón.

Se trata de comprometernos TODOS con esos mexicanos que nos necesitan, no hay duda. Aunque para muchos esas causas sean preceptos subjetivos, hay que chambear como mexicanos para estimular al engarrotado estado mexicano. Sin embargo, la objetividad de las imágenes de Haití es contundente y repentina, por eso cada quien decide solidarizarse con los caribeños. Ayudar depende de cada conciencia.

Eso sí: llevamos un haitiano dentro, sin albúr.

En el proscenio

Lo que queda de Haití huele a muerte. Se escuchan tiros…

jueves, 14 de enero de 2010

CÁMBIELE

¿Usted sale en televisión? Primer Acto.

¿Qué es lo que NO le gusta ver en televisión? ¿Cuando ve noticias se siente aludido e involucrado? ¿Cree que la conductora entrevistó al personaje pertinente, o el reportero le hizo las preguntas que usted le haría a tal o cual funcionario público?

A reserva de su mejor opinión, yo creo que la televisión en México debe ser invadida por ciudadanos responsables, comprometidos con los temas plurales y que hablen de nosotros. Quisiera mayor presencia de los televidentes en la televisión que vemos.

En México hay de todo para todos. Pero la marrana tuerce el rabo cuando hay quienes nos quedamos insatisfechos y buscamos nuevas opciones de información, debate y participación. A mí me gustaría una televisión donde se evidencie a los que se esmeran por joderme; una donde me informe para saber qué decidir. Aunque eso no siempre tenga “buena suerte” con la audiencia, con los raitings, ergo con el negocio.

Cámbiele. Segundo Acto.

Sí, coincido con los que dicen que la innovación debe mirar a la integración de las audiencias, con nuevos enfoques para quienes queremos observar críticas, participar en los debates y atestiguar las transformaciones.

Por eso me parece que parte del secreto del pastelito tiene que ver con la decisión nuestra. Créalo: para innovar y transformar a la televisión nosotros tenemos un poder capital, porque decidimos lo que vemos. Se trata de que los televidentes seamos nuestros propios defensores, como incita Gabriela Warkentin.

La competencia permite esa innovación, admite más y mejores propuestas televisivas y, aunque México no es un país de competidores en el ramo, tendría que haber un refinamiento en las maneras de interactuar entre los que hacen televisión y quienes la vemos.

La decisión está en nuestro dedo, ese que oprime el botón en el control que CAMBIA el canal. Si no le satisface lo que ve: CAMBIE el canal, y así obligamos a que se den los CAMBIOS en las formas de hacer televisión. Ahora que si no tiene control para la tele, pues PÁRESE y CÁMBIELE, eso nos vendría bien como país.

Tú sí, tú no.

“Tú, además de pinche puto mal vestido, no traes para pagar un agua mineral”

El cadenero promedio de los antros en el país.

¿A quién se le ocurrió que existieran los cadeneros en los antros? Los que se suponen que están para garantizar la seguridad de los clientes, resultan ser la cara discriminadora de los centros nocturnos.

Primer Acto: Tú sí, porque estás bien buena; tú no por “naco”

Un cadenero es un hombre, que en la puerta de un antro, decide quién entra y quién no, Chepe, somos cuatro y traigo tres niñas, le dice un joven impostando la voz, a lo que el Chepe (el típico cadenero) responde, Pasen, preciosas; tú no, por pinche indio, le da besos a las chicas y las deja pasar. Los demás se quedan rogando: ¡Somos siete, Chepe!

Esos tipos en la entada fuman la bacha del poder que sólo los fines de semana tosen. Lejos de garantizar la seguridad de los clientes, se pavonean en la cadena porque son la cara discriminadora de esos lugares tan demandados para “antrear”. Entre la bola se oye: “¿De cuánto son tus zapatos?”, “A ver, que pase el güero”, “Ese no, porque se ve re puto”, “A ver tu IFE (para ver la dirección)”, “¿Cuál es tu coche?”, “Dile que si sigue gritando, no pasa”.

¿Nos damos cuenta de que hemos sido discriminados?

Segundo Acto: Discriminado y discriminador

Discriminar es dar trato de inferioridad a una persona o grupo por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o por motivos ideológicos. Seguramente usted ha sido discriminado y le apuesto lo que quiera a que es un discriminador. Sí, no nos hagamos, si bien que aventamos la piedra, escondemos la mano y luego chillamos con quejas.

¿Por qué discriminamos?, le pregunte a Ricardo Bucio nuevo titular del CONAPRED: “Porque jugamos ambos papeles, es un círculo que nos cuesta trabajo aceptar”.

¿En el metro usted cede su asiento a los abuelos, a las futuras mamás, al anciano indígena? ¿Se molesta cuando entra al vagón alguien en silla de ruedas o le cede espacio en el pasillo del vagón? ¿Apedrea el coche del vecino que no comparte sus preferencias políticas?

La discriminación está en casa, en el trabajo, en la calle. Si usted no discrimina, lo felicito. Si usted acepta ser discriminador, le agradezco la honestidad, porque aceptarlo es un gran primer paso para cambiar hábitos, esos que no nos dejan ser quienes somos y que ya es tiempo de eliminar.

Obesos sin Guiness

“¿Están gorditos por tanta mordida?”, un niño le pregunta a su mamá.
¿En qué momento engordaron nuestros policías? Esas llantitas definitivamente los ponen en una cruel desventaja.
Trata de alcanzarlo: Primer Acto
Ver a un policía obeso no da confianza. Lo primero que se proyecta en el cine de nuestras mentes es la secuencia en la que un asaltante, en plena fechoría, es correteado por un policía mexicano con 40 kilos de más, sudando, jadeante, con un semblante pálido, luego rojo, luego morado, a segundos de un paro cardíaco. No lo alcanza.
Del total de los hombres y mujeres policías de la ciudad de México ¡7 de cada 10 tienen sobrepeso! La Secretaria de Seguridad Pública del DF lleva a cabo diversos esfuerzos para meter en cintura a mil 900 elementos obesos, ahí tenemos el Programa Integral de Atención a la Obesidad. Los resultados han sido flacos e insuficientes y eso no es saludable en muchos sentidos.
Una vez que inician los turnos de 12 horas de trabajo, varias patrullas recorren la ciudad de México repartiendo a los policías la “choclaya”, un saleroso lunch que contiene un juguito, un yogur y una barra de granola que alucinan los uniformados, por lo que no resisten la tentación de empacarse unas gorditas, sendos tacos de carnitas, la bonita torta cubana o, de perdida, una guajolota (torta de tamal).
Se me hace que la pancita se la deben (¡sí!) a las mordidas de cada día. ¿Usted cree que después de 12 horas de guardia tienen ánimo de darle al gimnasio o salir a correr una media hora?

¿Y el Guiness?: Segundo Acto
 
Por eso le propongo una tarea: cuando vaya camino a la escuela, a la chamba, o al mandado, cuente a los policías que se le crucen y sume cuántos de ellos tienen sobrepeso. No los pierda de vista, identifíquelos.

Sí, tenemos el récord del árbol de navidad más grande del mundo; la pista de hielo “más colosal del mundo universal”, pero ¿cuándo nos agenciaremos el reconocimiento del cuerpo policíaco más atlético y eficiente?

Por eso a mí me gustaría que también en otras entidades como en Puebla la policía sea saludable; que en Querétaro, Nuevo León o Jalisco obtengan los títulos de la policía más honrada, la más respetuosa de los Derechos Humanos, la mejor armada y más capacitada. ¿Cuánto falta para eso?


twitter.com/nacholozano

jueves, 5 de noviembre de 2009

La incredulidad del Santo Ciudadano


“Haiga sido, como haiga sido”

Como dicen en el pueblo de Felipe Calderón.

Primer Acto: Hasta no ver, no creer

Si lo dicen las santas entidades de justicia, locales o federal, es la puritita verdad; si lo parloteó el beato presidente o su sagrado gabinete, es porque se trata sólo de: un catarrito shockeado en medio de un boquete; los benditos gobernadores siempre están en lo cierto; ¡son divinos los magistrados de justicia! Ni le muevas.

Santo Tomás sacudió con su duda. “La Incredulidad de Santo Tomás” es un portentoso óleo pintado en 1602 por Michelangelo Merisi, Caravaggio. Se trata de un lienzo encargado por la poderosa familia italiana de los Giuliani. Ahí se pinta la luz: la necedad por la verdad.

Según textos bíblicos, Tomás se negó a reconocer la resurrección: ¡qué valor testicular!

Cristo le pidió tocar la herida de su costado para constatar que era él quien había muerto en la cruz y que entonces estaba de vuelta. ¡Uuuhh!, qué emoción… He was back, y se volvió a ir… ¡Chin!

Segundo Acto: Búscale tres pies al gato

El descrédito que ha tenido el poder político mexicano frente a los ciudadanos es tal, que la desconfianza y la incredulidad ante sus pululantes discursos son reacciones legítimas y cotidianas entre nosotros. La inseguridad puública generando más inseguridad pública.

Sin embargo hay dormilones cobijados por la incredulidad que no ponen el dedo en la llaga. Ejemplo: ante un haiga sido, como haiga sido la duda es fundamental. Todo sea por la transparencia y la escurridiza rendición de cuentas.

La nueva generación de comunicadores, en plena caza, no podemos permanecer con la apariencia y luego redactar la nota así, sin más memoria y sensibilidad; no por iluminación cristiana o marciana. Un reportero, como Santo Tomás, no debiera privilegiar el cinismo ante la verdad, porque entonces aquel no serviría para este oficio, como sentenció Ryszard Kapuscinski. Si lo hacen, profesionalizarían la parcialidad, el supuesto o el sesgo informativo. Nos quedaríamos con la duda.

En el Proscenio

La incredulidad del Santo Ciudadano le permite ir al fondo de la herida, excavar en ella, volver y revolver, contraponer y debatir. No importa si alrededor nuestro haya quienes juzguen como naif lo que uno hace y que nos califiquen de pecadores irreverentes.


Perdimos la oportunidad de tener a un Ombudsman ciudadano, plural, defensor (repito).

viernes, 12 de junio de 2009

AL FILO: ¿Voto inútil? No.

Primer Acto

“No se dejen comprar con una copita… Yo les pido que este próximo 5 de julio lleven a 10 amigos a votar y que ese voto sea para nuestros candidatos de Acción Nacional”
Josefina Vázquez Mota

Primer Acto
Soy Joven, tengo 24 años, mi credencial de elector está vigente y el 5 de julio iré a mi casilla correspondiente y participaré de las elecciones. Será completamente distinto a como lo había venido haciendo en los últimos 6 años.

Estoy convencido de que los jóvenes con capacidad de elección están lo suficientemente politizados como para saber: por cuál partido votar, pues conocen a sus candidatos, les caen bien, mal, son guapas, sexys o han leído a fondo sus plataformas.

Hay quienes están investigando la historia de tal o cual candidata o candidato (con o sin cola que pisar…les). Deciden sobre el que les conviene, porque les representaría como minoría.

Habrá quienes se abstendrán, porque la apatía es inevitable. Otros más como yo, anularemos nuestro voto.

Esta última es una opción auténtica para llamar la atención y evidenciar a un sector de la población, que incluye a miles de jóvenes, que no se siente representado, que cree en la democracia y que no está conforme con el nivel político de los candidatos. Es una manera de subrayarle a los partidos que no “olvidamos” que nos “olvidaron” durante años suficientes.

Es ingenuo creer que los jóvenes debamos inventar otro nuevo partido. Es ridículo pensar que así maduraremos nuestra democracia; no es necesario un show de tal magnitud, porque, de hecho, es casi imposible. Nuestro sistema electoral ni siquiera permite la oportunas candidaturas ciudadanas y sí un enriquecimiento exacerbado de los dueños de los prostituibles partidos satélite, los chiquipartidos.

Por eso los partidos más influyentes tendrían que escuchar nuestras exigencias, sensibilizarse ante los ciudadanos y empoderarnos. Los jóvenes somos capaces de tomar decisiones, incidir en la vida democrática y, por ende, quejarnos de ella.

¿Sabrán que fui yo uno que anuló mi voto? No, no hay manera, mi voto en blanco se perderá entre los miles que votaron por Cantinflas, por Niurka o por Obama; se contará entre boletas electorales que alguien usó incorrectamente.
Por eso una legislación que permita un espacio para el voto en blanco en la boleta electoral es urgente. Los candidatos actuales podrían capitalizar esta exigencia, prometiendo una reforma en este sentido, pero ninguno lo ha hecho.

Segundo Acto.

El jueves pasado la U. Iberoamericana y consulta Mitovsky dieron a conocer la encuesta “Libertad de Expresión” con datos ciertamente suculentos. Sólo para abrir boca ahí le van unos datos: los jóvenes no nos sentimos en total libertad de expresar algo públicamente, por lo menos eso piensa casi el 49% de los entrevistados; como en todo, hay sacrificios y porque la crisis no perdona: a cambio de mejores condiciones económicas, el 27.7 % está dispuesto a sacrificar el voto libre a cambio de un billetito. ¿Desencanto? ¿Traición?

Los jóvenes sabemos decidir en política y no comparto la invitación que J. Vázquez Mota le hizo a los jóvenes yucatecos para participar en la elección. Señora: esto no se trata de promocionar un parque de diversiones: ¡Trae a 10 amiguitos, te cobramos la mitad y yo gano! A Vázquez Mota le falta inteligencia, no es la manera de llegarnos. Si nos abaratan, se abarata la democracia.

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AL FILO: Víctimas

Primer Acto

“¿Por qué no pasó esto en la Cámara de Diputados?
Porque ahí hay todas las medidas de seguridad
para proteger a las más grandes ratas del país.”
Roberto Zavala, padre del niño Santiago muerto en Hermosillo.


Política del más bajo nivel es la que hemos presenciado en medio de las llamas infernales que han acabado, hasta el momento, con la vida de 44 niños, bebés prácticamente, que fueron sorprendidos por un incendio que fatalmente alcanzó la guardería ABC de Hermosillo, en Sonora.

Las llamas no cesan, las autoridades no las han sabido extinguir.

“Llegaremos hasta las últimas consecuencias”; “Coadyuvaremos”; “Caerán los responsables”; “La PGR atraerá las investigaciones”; “Compartimos el dolor”, ajá… ¿Y?

“Este es el país donde no pasa nada”. Y no pasa nada porque permitimos que no pase nada, porque estamos acostumbrados a olvidar las tragedias que evidencian la triste podredumbre de la clase gobernante y que, incluso, alcanza los linderos de la ciudadanía, nos seduce.
Los ciudadanos tendemos a olvidar estas cosas para estar menos peor. No podemos seguir así. Intentemos comprender, nos pide E. Hemingway, no somos un personaje de tragedia. Actuemos y no nos quedemos en el llanto y la sensiblería cursi.
Segundo Acto.

Los dueños, empresarios que operaban la guardería, dejaron de serlo ante la exhibición mediática que los hizo cenizas: Antonio Salido y Alfonso Escalante Hoeffer.

Salido, declaró que “se trataba de inversiones serias”, tan serias que ni una sola influencia traficada hubo en el negocio. ¿Entonces por qué los busines, las guarderías, estaban a nombre de sus esposas? En fin, responsables de medio pelo.

El 10 de junio fue cesado el delegado del IMSS en Sonora, Arturo Leyva. Ahora, el señor Daniel Karam, el mudo que días después habló y que en sus tiempos libres suele dirigir, bueno, firmar como director del IMSS, debería pensar que el castigo por la omisión no se resuelve con renuncias.

Tampoco con discursos sobados como los que actúa Eduardo Bours, gobernador de Sonora, pariente del pariente de la tía de la sobrina de más de la mitad de Hermosillo, es más, pariente de medio Sonora. Así, no.

Además, recuerden, los niños murieron en medio de una agonía de no más de 3 minutos, no les dio tiempo de llorar, muchos dormían mientras el techo se les venía encima. Háganle honor a las muertes y sean sensibles a las heridas, no demoren. Es lo menos que pueden hacer las autoridades, de lo contrario, nunca saldrán de las llamas que los consumen.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Inconsciente

No creo en las coincidencias. En el inmediatamente anterior post que escribí en este blog, hablaba de dos días de dejar de fumar.

Hoy, tiempo después, llevo dos días de no fumar... tanto. Estoy cabrón.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Estuvo de la chingada la noche; un hombre afuera de un departamento gritó: "Fernando, ábreme Fernando" Llevo dos dìas sin fumar... tanto. Un cigarro no me he acabado. Espero a alguien. A algunos.

Me la mamo

¿Tan deprimido estaba como para haber escrito semejante mamada sobre mi cumpleaños?

Lo escrito es la antítesis de lo que pienso... Supongo que la contrariedad en el análisis evoca una embarradita de mi verdad. No es verdad-mentira, más bien, todo lo contrario.

domingo, 12 de octubre de 2008

10 de Octubre de 1984

Acabo de cumplir 24.

El Monquiqui me preguntó qué sentía al llegar a esta edad. No supe contestar. Tendría que recordar cada segundo del último año para brindar una respuesta pragmática.

Soy pragmático, porque vivo aprehensivo. Gustavo Gordillo hoy por la mañana me preguntó qué es lo que me había sucedido recientemente. No supe resumir.

Tengo curiosidad por cada segundo de mi vida. Me obsesionan los minutos.

Le pregunté ayer a mi madre cuántos días después de haber nacido permanecimos en el hospital y me contestó que la habían internado un martes y salimos un viernes. Cuatro días bajo observación. Luego de ese 14 de octubre de 1984, nunca había estado más de cuatro días en un nosocomio. Dos operaciones nasales ameritaron únicamente doce horas en total. No permití estar más tiempo. No me gustan los hospitales cuando soy paciente. No me gusta ser paciente. Soy muy desesperado. Me desesperan los segundos, por eso no los recuerdo, sin embargo me intrigan.

Soy joven. A Sandra y a Carmen les platiqué que desde los tres años sabía leer. Desde el año y medio hablo, pendejadas, pero hablo. Recuerdo que cuando tenía casi tres años mi mamá me regalo el "ABC Arcoiris". Una de mis primeras frases leídas fue: "Lina lava la tina".

Ayer mismo, mi mamá dijo que conforme crecía en los primeros años, ella notaba la dificultad que me causaba pronunciar la letra c: tasa, decía yo, en lugar de casa. Yo complementé la información al decir que la erre también me causaba problemas al pronunciarla. No permití risas de los presentes ante tal anécdota y dije: pero todo un día me la pasé imitando el sonido de un coche: rrrrrrrrrrrrrr, y ya para la noche podía pronunciar la letra dentro de una palabra y sin problemas.

En fin. Vengo de muchos lados, no quiero reflexionar detalles, otro día con más calma.

Llegé al 10 de octubre de 2008 con mis reyes padres y mis princesas hermanas más conmovedores que de costumbre. Con Julio más cerca.

Luego con el Cano que sabe escuchar. Con el cabrón de Álvaro. Con Atenea más divertida. Karime y Poncho que siempre comparten conmigo. Con Lorena intentando ser mi amiga. Roberto Montiel tomándome siempre en cuenta. Robertito prometiéndome ser con-a-migo. Trabajando con Puig y con Enrique. Mariel es mi little sister. Con Emma, Daniel y sus papás aún más cariñosos. Con Alejandra compartiéndo nuestro departamento. Con el Alvarado y su besucona familia. Con un SMS de Raúl y un correo electrónico de Ady. Llego hoy con mucho trabajo y en pleno psicoanálisis.

Tengo fantasías por cumplir y deseos por deformar. Con responsabilidades muy particulares que contrastan con las de jóvenes de mi edad.

El día de mi cumpleaños Julio y Mariel me dieron una cena sorpresa. Deliciosa. Esa noche le dije al propio Julio que estarían conmigo quienes pudieran llegar, a lo que él contestó: "eso sí".

Yo sólo sé que estoy contento.

domingo, 5 de octubre de 2008

El Weso: Un programa duro de roer




Échenle una escuchada de lunes a viernes, de 6 a 8 de la noche, por W Radio, 96.9 fm y 900 am
www.wradio.com.mx

miércoles, 7 de mayo de 2008

Máquina en serie(o)

Máquina en serie(o)

I.

Algunos estarán de acuerdo conmigo cuando digo que pocos son los textos que revelan demasiado de uno mismo sin ser escritos por nosotros y que, siendo autoría de una pluma presuntamente ajena a nuestras vidas, causan identificación. Eso es lo tremendo y devastador: hablo de la identificación que me provoca Heiner Müller; esa correspondencia de las reflexiones animales es, de verdad, espectacular. Animales y espontáneas (sin sentido el grueso de las veces) muchas de las referencias del texto de Müller son irracionalidades que pueden llegar, sin buscarlo me parece, a ser pura luz mental; el texto solo se me inmiscuye, me atrapa y traduce; me deja con la boca abierta (me fascina).

Debido a mi ignorancia y poca lectura, me doy cuenta que La Máquina Hamlet es la alarma a tiempo de una advertencia de vida o muerte: lees más o te atienes a no poder traducir tu vida al papel. O lees a los que se adelantaron a leerte o nunca te podrás leer. Definitivamente quiero traducir y comunicar mi vida con las demás vidas, pero, por lo pronto, me doy el tiempo de ser atrapado por el trabajo que hizo el otro, Müller, por mí. Me sumo en una agonía reflexiva de la cual, siendo pesimistas, saldré avante.

Me dejo describir (sin hacerlo). Escribir sobre mí; me permito. La temporalidad no interesa, el espacio menos. Müller me hace trascender ambos factores y me acusa una identificación espelusnante. Me faltan palabras, como ya se comenzarán a dar cuenta.

Podría yo estar muy equivocado y ahora noto que esto que hago consta de un compendio de intenciones para proyectar lo más insensato en las palabras traducidas del texto de Müller; es decir, nada de lo que pudiera decir puede ser en realidad una referencia al texto, sin embargo surgió del texto, por lo tanto es ya referencialidad textual a Müller. La Máquina de Hamlet es referencialidad, vive de la intertextualidad metafórica y literal. Realmente encuentro muy universales, pertinentes y definitivas las letras que utiliza para describir (nos) a través del vómito de palabras que es la Hamlet Machine.

Al inicio aparece muy desbordado y al final continúa en la misma tesitura, con la misma actitud (gracias). Frente al texto hay que estar menos precavidos para comprender la vasca, porque es, se trata, de nuestro vómito, de nuestra propia regresión. Madre, padre e infancia: destino [puede ser(nos)]. Es un servicio a la comunidad: quid pro quo.

Las figuras literarias son muy nítidas y seductoras. Son innegables y perversas: son maravillosas. Hablo de una maravilla liberadora de estas figuraciones sugestivas y fértiles propulsoras (propiciantes) de ser imaginadas y reinventadas. Se trata de letras y palabras libres. De una escritura libre, liberadora. Libra.

II.

No podía ocurrir de forma alguna distinta a la que sentí. Es un remanso de reflexiones y una conmemoración de certezas, de acercamientos a las lecturas de Ofelia, Horacio, de Hamlet (junto con otros) y de los que resulten responsables. No es posible no mirar la espalda que tanto evoca Müller y de la cual no tenemos certeza:

Ahora te amarro las manos detrás de la espalda con tu velo de novia, porque me repugna tu abrazo.

Detuve el cortejo fúnebre, forcé el ataúd con la espada, al hacerlo el acero se partió, pero con el chato muñón logré abrirlo, y repartí a mi progenitor.

Müller nos estrella en la cara una calidad crítica más que agudísima, asesina: COMO UNA JOROBA ARRASTRO MI PESADO CEREBRO. Jorobados reflexionamos nuestro supuesto puesto social, se burla de la denigración laboral de la Alemania de sus días y de las utopías socialistas que no muestran signos de vida, ya no hablemos de aterrizajes necesarios en la realidad propia que se refleja en todas las demás, en las anteriores, en la mía. Nunca más una reflexión antigüa, porque lo que nos presenta Müller es atemporal, no ingenuo.

III.

Quisiera que mi madre hubiera tenido un agujero de menos, cuando tú todavía eras de carne: me hubiera evitado a mí mismo la molestia de nacer.

Habría que zurcir a las mujeres, un mundo sin madres. Podríamos destriparnos en paz unos a otros, y con cierta confianza, cuando la vida nos resultara demasiado larga o la garganta demasiado estrecha para nuestros gritos.

Lo prohibido está permitido en el texto de Müller. Lo cobardemente indecible está estructurado, articulado, con mucha claridad y con vasta seducción: QUISIERA/QUERÍA: ESTRUCTURA DE CARÁCTER. Me doy cuenta que quise mucho. Comienzo a no querer, porque podría destriparme sin zurcir agujeros. La política de la convivencia social, familiar, individual, ideal.

El autor es muy honrado en su literatura. De igual forma, seria inocente pensar que no hay implícita cierta carga política que pueda aparentar o disfrazar, porque, en sí, muy político el texto, pues no sólo insita a la reflexión desde una perspectiva socialista de la que en vida el mismo Müller hizo gala y que valió la planeación y luego existencia de la Asociación de Escritores Alemanes, sino que nos acusa y nos atañe responsabilidades: nada de paternalismos. Por cierto, de esa asociación fue expulsado por decir lo que pensaba, como se le ocurría y con errores, por ser un dramaturgo impertinente para el otro escenario político, es decir, el de la república democrática alemana.

Es una advertencia sobre la cotidianidad y la costumbre de la dominación del Estado sobre los individuos; coartación de la individualidad. El individuo coartado por el muro de Berlín y por la fría Guerra Fría.

Ciertamente muchas de las metáforas que se utilizan en este texto necesitan, por su naturaleza de intertextuales, el remitente original que, si bien no se cita formalmente en el texto, sí se evoca magistralmente. Hamlet Machine: El drama edipiano que más me ha trastocado y que más ingeniosamente se expone después del propio Sófocles.

El esqueleto es el caos; la carne es provocada por la honestidad: y el movimiento de los rasgos lo hacemos posible nosotros. Así, me parece, que es la obra de Müller. Todo lo que yo no pude hacer cuando traté las obras de Shakespeare en clase, Müller me lo demostró en pocas páginas. Todo lo que me detuve(o), él lo desbloqueó. La lectura que hace del Hamlet desde su vida, desde las mujeres, de su madre desde su vida y la traición al padre es sensacional: es impúdica y necesaria (es un ensayo). El capricho de Müller es su talento al retomar a Hamlet. Se desangra como Hamlet, se tropieza como todos:

Ahora desgarro tu vestido de novia. Ahora gritas. Ahora embarro los jirones de tu vestido de novia con la tierra en que se convirtió mi padre, con los jirones embarro tu rostro tu vientre tus pechos.

El texto es la escena en sí, ocurre sin control en nuestra imaginación. Es importante representarlo físicamente, pero las referencias unilaterales y autónomas de la imaginación pueden bastar (disculpen la impertinencia, pero me bastan); no me aterra verlo actuado, me aterra que no lo actúen como Müller me provocó. Es por eso que esas intrigas me bastan. Décadas de reflexión social e individual. Tengo una esperanza, porque el REGAZO MATERNO NO ES CALLE DE UN SOLO SENTIDO…

IV.

Me permito plagiar, porque tengo el derecho, él me lo dió. Mi lugar, si es que mi drama aún se llevará a cabo, estaría en ambos lados del frente, entre los frentes, por encima de ellos. Yo anudo el lazo cuando son colgados los cabecillas, retiro el taburete, me rompo el cuello. Soy mi prisionero. Alimento mis datos en la computadora. Mis personajes son la saliva y la escupidera el cuchillo y la herida el colmillo y la garganta el cuello y la soga. Soy el banco de datos. Sangrante entre la multitud. Respirando tras la puerta de dos hojas, aislando mi baba de palabras en un globo impermeable al sonido, por encima de la batalla.Tomo asiento en mi mierda, mi sangre. En algún lugar están quebrantando cuerpos para que yo pueda vivir en mi mierda. En algún lugar están reventando cuerpos para que yo pueda estar solo con mi sangre. Mis pensamientos son heridas en mi cerebro. Mi cerebro es una cicatriz. Quiero ser una máquina. Brazos para agarrar piernas para caminar sin dolor sin pensamientos.

miércoles, 16 de abril de 2008

Hoy por Hoy, con Carlos Puig


De lunes a viernes, de 6 a 10 de la mañana.
96.9 fm
900 am

Hoy por Hoy, con Carlos Puig

Ciro Gómez Leyva
Radio Fórmula,
martes, 15 de abril de 2008


Ciro Gómez Leyva
Entre quienes en enero gritaban ¡censura!, hubo uno o dos que al menos pidieron esperar a ver quién reemplazaba a Carmen Aristegui en el noticiero de las mañanas de W Radio. Si llegaba un bodrio del periodismo, quedaría probado que la intención de Prisa y Televisa al echar a la conductora era no volver a meterse en problemas con el poder.

El espacio será ocupado a partir del jueves por Carlos Puig. Para mayores datos, autor de una columna capital en MILENIO; hasta hace unos días, director de un proyecto de alto grado de dificultad: Rumbo, un diario en español editado en Houston; director de un programa para becar a reporteros mexicanos en el “periodismo de investigación”; reportero y corresponsal de excelencia e integrante de la junta directiva de la revista Proceso; entrañable compañero de conducción en los programas Séptimo Día (CNI/Canal 40) y Fórmula de la Tarde (Radio Fórmula).

Puig es un periodista-periodista, cuyos méritos, honestidad intelectual y compromiso con los códigos esenciales del oficio no están en duda. ¿Quién de los gritones de enero tiene una piedra que lanzarle?

Llega, además, con la idea básica de hacer un noticiero con el peso, valga la perogrullada, en las noticias, la información, el trabajo de los reporteros, el apoyo de la redacción. Se hará acompañar de un sólido equipo de colaboradores (Jesús Silva-Herzog Márquez, Julián Andrade, entre otros), pero su empeño es informar, dar notas, ganar notas.

Los directivos de W Radio supieron aguantar la metralla de agresiones de quienes gritaron y gritaron sin aportar un hecho, un dato, un algo. Tres meses después regresan con Carlos Puig. Lo menos que se merecen es que les vaya muy bien.

lunes, 24 de diciembre de 2007

No teman

No teman por el tamaño del primer texto, los últimos dos están cortitos y me gustan mucho

jueves, 20 de diciembre de 2007

Quid pro quo


Yo era muy joven.

Cuando leí por primera vez Macbeth tendría unos once o doce años y estaba por terminar mi educación secundaria (mis padres decidieron inscribirme a la primaria a los 4 años de edad; desde los tres años sé leer). En plena pubertad atravesaba por situaciones familiares tremendas, cosa que siempre trajo a mi personalidad una bola de marañas, algunas desagradables y otras aún más importantes.

Se me antoja enlistar una serie de características personales relativas a esa etapa de mi vida: una exquisita sensibilidad hacia los estímulos exteriores, es decir, en aquellos años siempre fui susceptible a la afectación sentimental, procuraba tomar las cosas de manera personal y siempre sintiéndome aludido por todo y todos, esta necedad estuvo acompañada de una inseguridad espectacular que, aunada con una supuesta capacidad perceptiva que consideraba sobrenatural y que, supuestamente, me distinguía de los demás jovencitos, me convertían en alguien capaz de alucinar todo el tiempo; también del proceso obtuve un pleno desarrollo de mi potencia imaginativa, y es que siempre trataba de concentrar mi atención en imaginar sucesos fantásticos para sustraerme de la crueldad y crear una realidad alterna, mejor o peor, de la que atravesaba; y para terminar con los grandes rasgos descriptivos de mi incipiente adolescencia que he traído a cuenta, debo mencionar mi intuición. La intuición.

Volubilidad, sensibilidad, psicosis, imaginación, inseguridad e intuición, son, en términos generales, el resultado de esa etapa. ¿Ya mencioné que por estos años leía a Macbeth? ¡Ah, claro, sí! Y esto viene a cuento porque esos personajes shakesperianos siempre tuvieron que ser imaginados por mí como seres muy parecidos a mis padres, tías, hermanas y amigos de mi vida.

Siempre recuerdo a Macbeth a partir de una escena descrita por Shakespeare donde la atmósfera es muy fría y desamparada y que en mi memoria envuelve al resto de la pieza:

En un páramo, lugar sumamente frío y desamparado, cerca de Forres, donde se encuentran las brujas, Macbeth y Banquo.

Quiero intentar recordar lo que sentía cuando leí esa escena: susto. Sin embargo, hoy me parece fascinante, porque no hay nada mejor que estar desamparado y solitario, pues desde esta perspectiva, uno puede crear compañías y calentar atmósferas.

En fin, a ese páramo de mis recuerdos llegaron mujeres colegas profesoras de mi madre que todo el tiempo hablaban entre sí con enigmas, con referencias que no alcanzaba a comprender del todo y que siempre me embrollaban. No obstante, permitirme estar confundido a esa edad y encontrarme en medio de tan cruel situación era lo menos deseado, así que tuve que explicarme todo desde mi imaginación, planteaba preguntas que no tenían respuestas: ¿por qué estas brujas hablan frente a mi como si creyesen que no las escucho?, ¿qué se están tratando de decir?, ¿qué me están tratando de decir?, si es que ellas entienden que sus charlas me impactan, me intrigan, ¿por qué nunca me hablan claro?, ¿donde está mi padre?, ¿dónde está mi madre?, ¿por qué parece que ellas saben más de lo que yo sé?, ¿por qué juegan conmigo, es decir: conmigo? Yo ambicionaba mucho.

Esas preguntas, sin duda, las dejé sin respuesta (aunque siempre estuve en una incesante búsqueda de soluciones). Responder. Hoy lo que busco es la explicación a esas incógnitas, sino que anhelo construir mis preguntas. Tengo mucho que preguntarme y ellos no me contestarán lo duro que fue mi situación, porque no lo hicieron en aquellos años. Macbeth nunca debió darles tanta importancia a las Brujas, porque se trataba de ser él mismo, autónomo, auténtico, sin ambicionar la certeza del futuro y capaz de no ser del otro. Se trataba de evitar pócimas y de promover decisiones propias. Me río al pensar que qué bueno que lo hizo, que fue presa de ellas, pues si no lo hubiera hecho, no tendríamos material para hablar de la condición humana y de sus tentaciones.

Las brujas son las encargadas de manipular la vida de Macbeth, a través de sus metáforas-intrigas-revelaciones, se convierte en presa fácil de las brujas para que así ellas se diviertan y nosotros disfrutemos del drama. Aquí viene lo bueno,

Banquo.- Esa confianza que mostráis podría enardeceros hasta la corona, además de la baronía de Cawdor. Pero…, es extraño: a menudo para llevarnos a la perdición, los agentes de las tinieblas nos dicen verdades, y nos ganan con simples pequeñeces para arrastrarnos a los peores resultados

Al paso del tiempo y cuando yo creía que las cosas iban madurando, daba los primeros pasos para distinguir la sincera realidad, de mis idealizaciones. Para ello me sirvió la intuición. Muchas fueron las tentaciones y considerables las caídas que tuve. Parecía que esas brujas, mis tías y mis primas, eran una especie de agentes demoníacos conferidos a desestimarme y confundirme. Mi psicosis me hacía creer en lo que no era importante, asumir lo que aún no ocurría y funcionar a partir de estas invenciones e idealismos.

Caí en la trampa, siempre hubo algo más detrás de los actos de mis padres y de los actores involucrados en los conflictos. Actores. Nunca puse atención en las sutilezas, y en cambio me concentré en lo que creí que era lo más dañino para mí. La inseguridad y la ambición performática por las mejores calificaciones en la escuela fueron signos de desenfreno. Búsqueda de posesiones. Decir algo desde otro lugar, desde alguien más, porque yo no valía, no contaba, no decidía, entonces tenía que desprenderme de mí, ser alguien más, pretender. Actuar. Ese alguien más, era el alguien de los otros o como los otros, pero no el que yo quería ser. Negación, para la afirmación performática. Actuación: yo actúe muy bien.

Mi padre se fue de la familia, pero parece que nunca estuvo. Esos momentos fueron muy duros. A Macbeth le dijeron que iba a ser rey, “¡Salud, Macbeth, que has de ser rey!”, a mi me dijo mi madre que ella sería mi padre también. Y si nos ponemos rigurosos, yo quería ser padre, demostrarle de lo que era capaz. Actuación. Sin embargo, me era más fácil ser hijo de mi madre-padre. Mi madre sería mi padre, eso creí, eso entendí, eso me trae aquí. Pero sólo fue una sutileza. No me corresponde lo que ambicionaba. No debí haber permitido que mi madre me hiciera desear lo que no era para mí, lo que yo no debía de ser. Supo actuar mi madre.

Nunca me separé de ella; todo el tiempo buscó aconsejarme. Ella en el fondo asumió una posición tajante y la defendió frente a mi padre, por lo tanto me la contagió. Tú debes saber de lo que hablo. Es una especie de enfermedad. Definitivamente una manipulación que trastocó mi vanidad y me hizo añorar un trono que no me correspondía. “¡Barón de Glamis y de Cawdor! ¡Aun falta la más grande!...”. Me sublimó, me hizo sentir hombre y, por lo tanto, enamorarme de mí al grado de ambicionar todo lo posible. Mi madre me sedujo, me habló desde ella y para ella. Nunca tomé una decisión, siempre estuve a donde me llevaban las tormentas. Todo el tiempo quise evitarlas, recapacitaba, reflexionaba, pero pudo más mi emoción que me creí rey de Escocia. Nunca lo fui. No lo seré. No quiero serlo. A mi madre no le convenía seducirme con el poder, porque terminó perdiendo. Hoy la compadezco. Tú sabes de eso.

Mi padre es el trono incorrespondido y no correspondiente. Es él, no le corresponde, lo tiene y el trono no existe. No correspondiente porque no le pertenece a nadie, no hay tal proceso de correspondencia, o sea, que el poder es una puta sin dueño. Paga por ver. Tú sabes de eso. Una puta sin dueño: era el trono relleno de fantasía. Un reino que no me corresponde es un reino que puede ser ambicionado. Lo ambicioné y perdí. Mi intuición todo el tiempo me dio lata. Mi intuición fue Dios diciéndome que era un niño especial, poderoso, muy diferente y superior. Yo hablé con él y él me confirió el mal del sueño. Actúe para mí mismo y ahora me termino de dar cuenta. Imaginación.

Simples pequeñeces, sutilezas del destino, de la infancia. Revelaciones veladas. Develaciones fantásticas. Espasmos de la conciencia. Mi diferencia con Macbeth radica en la oportunidad que tengo de revelar los deseos prescindibles, para soslayarlos y así, reflexionar para descubrir lo que no tengo, lo que no ambiciono, lo que no me corresponde, lo que no debí asumir, lo que no debí ser, lo que quiero ser. Sí él perdió el sueño, yo gane al sueño mientras despierto. Duermo y sueño, despierto y sigo soñando. Sé que estoy soñando. La indecisión es mi fortaleza y posiblemente mi castigo. Pero como el sueño, la indecisión no me agarra dormido y juego para perder o ganar, no importa el resultado, porque no siempre se puede ganar, así como no es definitivo perder. Busco la realidad del sueño. Busco el sueño de la realidad.

¿Quién desaparece? Mi padre está moribundo, debo conseguir su muerte y debo plantearme al verdadero; ¿para qué?, para reconciliarme con el que no está idealizado, el que no imaginé por impulsos de mis fantasías, con el que definitivamente no está en la ausencia del sueño de Macbeth, sino en la gracia de estar despierto y verlo. Perdono y me perdona por no haberlo comprendido. Lo amo, y me ama.Todo parejo: hay que ser honestos y definir responsabilidades al mismo tiempo para anular las culpas.

Eso sí: quiero ser padre: quid pro quo.

Humo de tabaco


Antes de que muriera, me miró a los ojos, se sobó el bigote y me contestó, Era un hijo de puta, era un cabrón ese hijo de la chingada. Fíjate, yo conocí a su padre, era Gabriel, ese sí, para que veas era decente, era un hombre, yo crecí con él, me dijo orgulloso. Se acomodó el sombrero y sacó de un huarache su pie podrido, lleno de pus, con uñas largas y secas. Se acomodó mejor en la firme piedra donde se sentaba y siguió, Algunos años antes de que muriera Gabrielito, se convirtió en una costumbre que saliéramos él y yo a caminar para fumar, platicar y ver cómo terminaba el día. Él sí, pa´que veas, era a toda madre, no que el pendejo de su hijo, fue un malagradecido.

Entonces prendió un cigarro, le jaló largo y luego su cara desapareció tras el humo; sopló las nubes que se formaron en su frente y pude verle los ojos, llenos de furia. Y es que don Diego tenía algo en su mirada que me daba mucha confianza, era agresión. Percibí sinceridad en sus palabras. Una lechuza negra con ojos amarillos aterrizó y se sujetó con sus garras a la parte más alta del árbol a un costado del jacal.

A ver, don Diego, ¿y por qué dice que era un cabrón? Muchos lo quieren todavía; ahí tiene usted la bolota que lo apoyó hasta el final, y ahora hay ofrendas para él por todos lados, le recordé. Don Diego tomó entre sus dedos el cigarro y lo absorbió. Parecía que se quemaba sus bigotes amarillos. Escupió y con su dedo índice mocho catapultó el resto del cigarrillo hacía el otro lado de la tierrosa vereda sobre la cual, desde hace 50 años, levantó el viejo su jacal. El resto del cigarrillo de tabaco rebotó en medio de la penumbra hasta perderse, hasta apagarse. ¡Porque nos traicionó!, me gritó lleno de furia y continuó, Ese cabroncito nunca defendió el apellido; cuando se murió Gabrielito, el hijo de la chingada no hacía más que darle dolores de cabeza a su madre, María, la que luego se hizo cargo de todo; el imbécil se iba para Cuautla y nomás regresaba a escondidas a ver al otro hijo de la chingada de Julián.

A ver, don Diego, le detuve, ¿cómo está eso de lo de Cuautla? Se refiere usted a lo de la Junta de Defensa, ¿no?, ¡Esa madre!, me contestó dándome la razón, El hijo de su puta se iba y no regresaba por mucho rato, enrreparió, dejaba todo sin terminar en la parcela; llegaba bien borracho y se iba a buscar a Julián, el que está tuerto, el pendejo del que está enamorado mi hija la menor, se iban los dos a La Estrella y salían bien briagos; luego, nadie los encontraba, ahí veías tú a la pobre de María búsquele y búsquele. Pinches maricones y cabrones, nunca supo ser como su padre, al contrario, era la vergüenza. ¡Pinche maricón!

Así describía don Diego al hijo de Gabriel Zapata y María Bueno; al que no supo ser como su padre; al que acababan de matar a traición. Yo tenía ya muchas dudas, recién ocurrió la celada en Chinameca, había noticias de que las cosas estaban muy calientes, había muchos revoltosos y los militares estaban infiltrándose. ¿Quién había sido ese caudillo que ahora estaba muerto y que a tanta bola de campesinos había convocado? ¿Por qué lo despreciaban tanto en Anenecuilco las personas que lo conocieron desde niño?

Estaba yo imaginando cómo formular la siguiente pregunta cuando escuché un estruendo que venía del matorral de enfrente. Segundos después, una carabina 30-30 fue aventada hasta el centro de la vereda; logré observarla desde donde me encontraba. Volteé a ver al viejo y me di cuenta que la cabeza de don Diego estaba perforada, deshecha. Al escuchar el balazo, del jacal salieron apresuradas las hijas de don Diego, desconcertadas; dieron algunos pasos hasta donde estaba el charco de sangre y me empujaron para poder abrazar lo que quedaba de su padre. Escuché de la oscuridad del matorral, de donde vino el tiro, a un indio lleno de rabia que decía: “Emiliano nunca…nunca quiso ser como su padre”; sin duda era Julián. Muchos gritos comenzaron a aturdirme.